miércoles, enero 24, 2007

Ahora sí soy un padre (tardío)

Violeta nació hoy, miércoles 24 de enero, a las 8.40. Todo maravilloso, Silvana está muy bien y la nena también.

Ya les contaré, besos a todos

martes, enero 23, 2007

Algo no anda bien en este blog

Ayer mis cuñados Muro y Gabriela me hicieron notar que pese a mi texto que indica buscar las fotos a la derecha, éstas no se ven.

Es verdad, por lo que veo, para los usuarios de Internet Explorer, que deben de ser la mayoría. Estuve probando pero todavía no le encuentro la vuelta.

Mientras tanto:
Quité el badge de fotos, pero siguen disponibles. Hqy que ir a
http://www.flickr.com/photos/lagonz/tags/violeta

Otra opción es usar la última versión de Explorer, la 7, pero para esto necesitan una versión de Windows legal...

Otra, usar el Firefox como navegador. Se puede bajar de http://www.firefox.com. Ahí también se ve bien.

Algo cambiaron en Blogger o en Flickr. Estoy casi seguro de que tiene que ver con los posts que incluyen foto, pero arrreglarlo y republicarlos de alguna manera me tomará tiempo.

Veré de poner un enlae permanente a las fotos a ver qué sucede.

Saludos

martes, enero 16, 2007

A la derecha de su pantalla, señora

Amigos, algunos de ustedes me piden fotos, pero están aquí mismo. Fíjense por fa a la derecha de este blog. Si hacen clic en el rectángulo podrán ver la incipiente colección de fotos de Silvana con Violeta en la panza, las fotos de las ecografías (quería remarcar las patitas y el cuerpo de cuando era un bichito, pero no tuve tiempo yahora conectado por teléfono es más difícil actualizar las fotos.

Habrá más, pero sobra el tiempo. Mientras tanto, enjoy ;)

Adelante, mis valientes

Un poco de comprensión: en nuestro caso, lo que se hizo cuesta arriba fue la concepción, el "quedar" embarazados, y por eso fue tan relevante, tanto que aun con unos meses de gestación yo seguía hablando de ese momento en que, ciencia mediante, vencimos la valla que la Naturaleza había erigido.

Estamos ahora a las puertas del nacimiento: empecé este texto al comienzo de la semana 37 y lo estoy terminando al promediar la 39. A esta altura, como saben los que pasaron por la experiencia, cualquier cosa puede pasar. Todas las precauciones y cuidados en el cuerpo de Silvana se quedan cortos: con días de 38 grados, los tacos un poco más altos para disminuir la hinchazón de los pies, la ingesta de alimentos con hierro, la Dermaglós en la panza, el descanso obligado por el peso, son tenues paliativos.

El punto de inflexión del embarazo, más que cualquier elaboración mental nuestra, fue el día que Silvana apareció haciendo pucheros, al grito de "¡No podía levantarme de la cama!". Un día cualquiera, su tamaño y su forma habían cambiado tanto que se sintió, según sus propias palabras, "como una cucaracha de espaldas", moviendo las patitas y sin poder incorporarse. Algo así como Gregor Samsa, el personaje de La Metamorfosis, ¿se acuerdan? Esto sucedió más o menos hacia el final del quinto mes.

Tito, el obstetra (él no sabe que lo llamo así, guarden el secreto, pero su apellido me causa malos recuerdos, les cuento otro día), nos avisó que el segundo trimestre es el más lindo del embarazo. Ahora sabemos por qué: se nota la panza, ves en vivo y en directo las primeras patadas del bebé, la mujer no pesa tanto y, mal o bien, puede seguir haciendo las mismas cosas de siempre. Las náuseas de las primeras semanas suelen desaparecer (obvio, hay casos y casos, pero en general es así) y el sexo todavía no se parece a un número del Cirque du Soleil.

Ahora, como pueden ver en las fotos, el tamaño de la panza de Silvana (el de Violeta más el chorro de placenta y demás porquerías que flotan ahí dentro) es importante, y se nota más por el hecho de que Silvana es bastante espigada. Este último tercio, y especialmente ahora que entramos en el último mes, es el descontrol: la mujer no encuentra una buena posición para sentarse, si está acostumbrada a dormir boca abajo o boca arriba está más frita que nunca (consejo para futuras mamás: intenten desde ahora dormir de costado, lo van a apreciar cuando se hayan convertido en un Panzer), hay dolores, pueden aparecer algunas contracciones...

Estos días, los movimientos de Violeta ya no son tan divertidos, como ver un chichón móvil en la panza de tu mujer: ahora se parece a un gatito de dibujo animado, metido por la fuerza en una bolsa y pugnando por salir. Algo así como si se desperezara o estirara las piernas al grito de "¡Che, acá no hay lugar, abran cancha!". Por lo que cuenta la madre, no es exactamente dolor lo que produce, pero tampoco es placentero. Es una molestia, una sensación extraña. Yo lo asocio con los dolores intestinales, pero prefiero no mencionarlo para que madre y partera no me miren como diciendo “pará de decir boludeces”…

El temor más reciente se disipó ayer: por más que uno mira y mira, calcula y teje teorías, nuestros ojos y manos de ignorantes no saben darse cuenta de en qué posición está el bebé. Con estos manotazos y estiramientos que les contaba, Silvana temía que estuviera trasnversal o sentada, no de cabeza como ya se esperaría que estuviera. El tordo nos confirmó que Violeta ya está cabeza abajo, lista para atravesar el "canal de parto" (eufemismo por... ustedes saben). Claro está que eso puede cambiar: de hecho, hasta lo que los médicos llaman "circulares de cordón" (el bebito con una o dos vueltas de cordón umbilical en el cuello o alguna extremidad) se hacen y deshacen en cuestión de minutos. Pero está bueno saber Violeta ya está haciendo los deberes cuando falta un poco para el parto. Veremos que sucede más adelante.

Hay detalles a lo pavote, pero no da para seguir con eso. Los mejores momentos están en la memoria y seguramente irán llegando a este blog con el tiempo. Ya dije el primer día: no es cuestión de hacer una crónica, no creo que les resulte interesante.

Hay algo que, sin embargo, quiero compartir y es el motivo de este post. Atravesar este embarazo que llega a su fin me enseñó muchas cosas. Podría mencionar, claro, todo lo relativo a la evolución del niño en la panza, los síntomas, los cambios de humor (en la madre y el padre) y de peso (en la madre y el padre, jeje).

Pero hay algunas más importantes, al menos para mí. Primero, está bueno comprobar algo que pensé durante años mientras veía a mis hermanas y amigas parir: señores, caballeros, colegas del género masculino, no somos nada. Parece una obviedad, pero el cuerpo de las mujeres cambia de una manera, y el trabajo que tienen que hacer para llevar adelante el embarazo es de tal magnitud, que todavía me pregunto cómo es que nos prestan alguna atención. Una teoría un poco básica sobre el machismo general de la Humanidad basa el sojuzgamiento de la mujer en el hecho de que puede dar vida. Ese es un poder tan impresionante que el varón buscó en sus recursos (básicamente, la fuerza física) la forma de someter y postergar a la mujer en todos los demás aspectos de la vida. La teoría es un poquito conspirativa, pero es verosímil. De alguna manera, me siento preparado para “adoptar” a mi hija, a ser un espectador de lujo, un asistente un poco contrahecho, de Silvana, como para llegar en unos meses a que Violeta me identifique y reconozca. Es bastante, considerando que en todo este proceso Silvana no me necesitó para nada.

Así que, caballeros: no vayan contra la corriente y déjense someter. No somos nada, en serio. Mientras atravesábamos con Silvana el proceso de inscribirnos para adoptar un niño, una de las tantas profesionales que nos entrevistaron me preguntó cómo me sentía como padre “adoptivo”. Yo le respondí que los padres siempre somos adoptivos. Bueno, mi hija todavía no nació, pero estoy convencido de que es así.

En un libro que me prestó mi amigo el Pez, el chef Martiniano Molina cuenta que él desconfiaba un poco de que su esposa embarazada tuviera tantos inconvenientes con los cambios en su cuerpo. Ella lo desafió a que experimentara lo que a ella le pasaba por un rato. Martiniano entonces se puso una mochila, del lado de adelante, cargada con unos cuantos paquetes de arroz, e intentó seguir con su vida normalmente. Abandonó a las pocas horas con una tremenda contractura en la espalda.

Cuando en nuestro país tan lleno de hipocresía vuelven y vuelven cada tanto los debates sobre el aborto, la anticoncepción, etc., me irrita ver a tantos hombres (varones) discutiendo. Ojo, yo pienso que tenemos algo que ver (no habría gestación de otra manera) pero es ridículo que intentemos darles normas a las mujeres. La distancia entre lo que cada uno hace y experimenta es tan grande que creo que ganaríamos mucho cerrando la boca y dejando que ellas decidan, y pedir humildemente que nos incluyan y nos dejen ser parte. Algo así como invertir los roles. Espero vivir para ver algo de eso.

El otro asunto que me resultó revelador e inmensamente aleccionador en todo este tiempo fue Silvana. Una vez más, me subyuga su valentía, su actitud y su personalidad. Creo que si no la quisiera como a lo que más en el mundo, me enamoraría de sólo verla vivir. En estos nueve meses, siguió trabajando, llevó adelante la obra que estamos haciendo en casa, se quejó poco y nada. Ojo, el cuerpo ayudó, conozco mujeres que se la pasaron vomitando y mareadas casi todo su embarazo, por mencionar sólo las complicaciones más simples. Pero aun en embarazos “normales”, lo que vi fue el perfil “negación” (trabajo y sigo mi vida como si nada sucediera, y que todo lo que tenga que pasar ocurra lo más rápido posible); o el perfil más infantil y cerrado sobre sí misma, de centrarse tanto en el embarazo que termina por dejar a todos (pareja incluida) afuera. Silvana fue un portento de valentía, apertura y disfrute. No se la pasó quejándose y, aunque siguió haciendo cosas, se dio el tiempo para prestar atención a lo que le sucedía, a dejarase atravesar por la experiencia, y a compartirlo conmigo. Me dejó intervenir, contactar a un grupo de parto humanizado y “llevarla” a las reuniones, ¡hasta me dejó opinar! :) Trabajó, sí, pero no tomó la actitud negadora de que aquí no pasaba nada. Entre otros intentos de acompañar semejante actitud, yo me propuse diez mil veces “organizar” el tema comida, preparar cosas para la semana, ocuparme de todo, organizar el lavado de la ropa, tipo “vos no hagas nada”… Ella miraba con sonrisa comprensiva que decía “sí, sí...” y después seguía llevando la batuta y ejecutando la parte solista. Al principio, cuando yo extremaba algunos “cuidados” que ella no necesitaba y me hacía el distraído con las cosas más difíciles, me recordó, sin mencionarla, la frase de mi amiga Jezi, un día que me vio muy afanado en que ella no hiciera esfuerzo alguno: “No estoy enferma, estoy embarazada”.

Antes de que Violeta salga a la luz necesito reconocer a su madre, tan valiente, tan poderosa y tan sensible que me hace todavía más insignificante de lo que soy habitualmente. Salud, Muñeca, sos una persona increíble, que me recuerda a cada rato esa frase de Drexler: “Qué habré hecho yo de bueno para que la vida te haya cruzado en mi camino”.

viernes, octubre 27, 2006

La música del azar

Match point, la reciente película de Woody Allen, es un relato sobre el azar. Comienza con una cámara que sigue el ir y venir de una pelota de tenis, de un lado al otro de la cancha. Los jugadores no se ven, sólo la pelotita cruza en ambas direcciones, va, viene, va, viene... hasta que la red interrumpe su trayectoria. La pelotita rebota contra la cresta de la red. Y sube. Algo que sucede habitualmente en ese deporte. La cámara sigue a la pelotita en su ascenso, y la proyección se detiene en el punto más alto, justo cuando no sabés si pasará del otro lado de la cancha o caerá en aquél desde el que venía.

La escena se repite dos horas más tarde con un anillo, en medio de una situación muy complicada para el protagonista del film. El centro de la historia es esa buena o mala fortuna que hace que la pelota, el anillo, caigan de un lado o del otro; la imposibilidad de preverlo, y cómo nuestra vida depende tantas veces de esa trayectoria impredecible y de ese momento, ese "segundo antes" de saber qué nos sucederá.

El proceso de fertilización que seguimos con Silvana (del que fui un espectador privilegiado, con alguna intervención, clave pero pequeña) se pareció mucho a una seguidilla de intentos de un principiante por pasar la pelota del otro lado. Golpeada por una raqueta poco entrenada, la pelota rebotaba en la red... y volvía, una y otra vez, siempre volvía. Como tenistas somos tan limitados que un par de veces no llegamos siquiera a alcanzar la red, y el intento se desvaneció a unos pocos centímetros de donde estábamos parados.

Les contaré en otra entrada ese momento de expectativa e incertidumbre, quizás les interese porque -espero- no pasarán por eso (pasarán por otros, pero no por ése en particular).

Por ahora permítanme contarles que, cuando logramos que la pelotita pasara, finalmente, del otro lado, sucedieron un par de cosas: una, el alivio, la alegría indescriptible, todo lo que saben o pueden imaginar; otra, que aparecieron un sinnúmero de "padres de la criatura". Los enumero rápidamente y dejo los detalles para otro momento: los médicos, la "ciencia", la homeopatía, la armonía interior, algunas prácticas saludables (de Silvana), las oraciones (de los que nos quieren), el Reiki, la energía del universo... Las firmas siguen, son muchas. Y, por supuesto, hay una que lleva caligrafía especial: Dios.

Tranquilos, no voy a extenderme -por ahora ;)- en la divinidad y su improbable intervención en la llegada de nuestro hijo al mundo. Sí, en cambio, me gustaría que pudieran imaginar la cara de desconcierto, de "yo no fui", del médico con el que hicimos tres de nuestros cinco intentos de fertilización asistida. Dibujen en su mente la cara del más ignorante, del más humilde, el más consciente de cuánto sabe y cuánto no sabe, del que realmente no tiene nada, nada de nada, que decir. Bueno, ésa era la cara del Dr. Alfonsín (Arturo, no el ex presidente), nuestro obstetra-eminencia.

Él puso esa cara cuando le preguntamos por qué no habíamos quedado embarazados, después de haber seguido todas las indicaciones, tomado e inyectado todos cuanto había que tomar e inyectar, efectuado todas las acciones y abstinencias indicadas, al pie de la letra.

Con esa cara serena de humilde desconocimiento, el doctor dijo -quiso deicr- "no tengo la más reputísima idea". Más: dijo también -quiso decir- "nadie tiene ni tendrá nunca la más reputísima idea". Simplemente los embriones transferidos tras paciente "elaboración artesanal" no se quedaron a crecer en donde tanto los queríamos. Un día, mucho tiempo después, uno de ellos -sólo uno- decidió anidar, "prenderse" de donde pudiera y prepararse para formar parte de nuestra familia.

Un compañero de secundaria, Robles, le discutió una vez a la profesora de matemáticas, "la Perazzo", que los decimales de un número periódico (0,33333333... por ejemplo) o de uno de esos cocientes que nunca terminan (2,2348828378848371602....) no eran infinitos. Robles dijo más: dijo que ni las estrellas del cielo ni los microbios ni los átomos ni las moléculas ni las partículas ni las gotas del mar eran infinitos, que todo, todo, todo, tenía una cantidad definida -un fin, una finitud- aunque no pudiéramos conocerla. Entonces, para Robles, estaba mal decir que un número periódico tenía "infinitos" decimales.

La Perazzo evitó el debate interminable, y le preguntó a mi compañero si estaba dispuesto a aceptar que unos y otras (los números decimales después de la coma, las estrellas del cielo) eran "incontables", que no había inteligencia capaz de contener su magnitud.

Robles aceptó ese argumento. "Bueno -cerró la Perazzo-; en matemática, 'incontables' es lo mismo que 'infinitos'".

Quizás la pregunta que más se haya formulado la Humanidad es qué es "eso" que nos excede y no podemos explicar. Una de las frases que más oigo cuando me defino como agnóstico es "bueno, lo que sea, Dios, la Naturaleza, el Destino, el Azar, como lo quieras llamar". Busca, esa frase, acordar en que existe un "algo" que nos trasciende, pasando por alto -y simplificando- su naturaleza.

Entre esos "sinónimos conceptuales" se incluye el azar, la casualidad. Porque, en definitiva, es imposible demostrar que algo sucedió "porque sí". Sólo lo que tiene un motivo, una causa, es demostrable. Pero, al mismo tiempo, tan imposible es demostrar que algo sucedió "porque sí" como demostrar que sucedió por la intervención de alguna entidad trascendente.

Sin embargo, hay una diferencia esencial -y les pido disculpas por un poco más de filosofía barata-: Dios, la Naturaleza, son sujetos activos. "Hacen" cosas, intervienen. El Destino interviene en forma fatal -es ineludible- pero, al no otorgarnos libertad, actúa -actúa impidiéndonos hacer otra cosa que lo que el Destino tiene trazado para nosotros-.

En cambio, el azar es un sujeto de lo más pasivo, un "no actor" o un actor por defecto, por inacción. El azar no "hace" cosas; es, justamente, la sucesión sin lógica, sin ton ni son, de los hechos. Un dado cae con una de sus caras hacia arriba, un 2 o un 4, porque sí. La pelotita pasa o no pasa del otro lado porque sí. Claro, siempre podremos "reconstruir" el tiro y calcular sus condiciones, pero esas condiciones son únicas y no se pueden "presetear": son las que fueron, y tuvieron el efecto que tuvieron. No hay otra explicación o lógica detrás.

Si hubieran visto la cara del médico-eminencia, oído sus explicaciones del proceso de fertilización, todos los elementos que intervienen, etc., no habría hecho falta todo el palabrerío anterior. Aquella vez -y las siguientes- Silvana no quedó embarazada simplemente porque no quedó. Nunca estuvo más claro para nosotros que la derrota es huérfana (a la victoria, ya saben, le sobran reclamos de paternidad). Nosotros sí podíamos contar los intentos y los días, lo único incontable eran nuestras ganas, nuestro deseo, y era imposible contar más tiempo de espera, para colmo sin resultado probable.

Como en Match Point, la pelotita pasó del otro lado, la fecundación funcionó una vez luego de haber fallado otras, simplemente porque pasó, porque funcionó. Andá a saber: quizás una acción milimétrica de algunas de las partes involucradas hizo que los embriones se quedaran en el nido en lugar de rajarse. Quizás, también, alguno de sus padres "ad-hoc" le puso más onda esta vez. Nunca lo sabremos, como nunca sabremos por qué antes no.

Entonces, y a menos que venga un día la Vida o la Muerte a contarme lo que realmente pasó, mi hijo es un hijo de la buena fortuna, de la carambola, de la chiripa, de la coincidencia, del más puro y simple azar: un hijo del culo. Y lo es, no porque no hayamos intervenido o tenido que ver en el proceso. Lo es porque el único elemento indispensable para que hoy estemos viviendo esta realidad es ese momento de indefinición de la pelotita, tras el cual, animada por fuerzas desconocidas o sólo por su inefable capricho, decidió pasar del otro lado de la red.

Llevo en mis oídos la más maravillosa música: la música del azar. Espero que ustedes puedan escucharla desde allí.

Nota del escribiente: en este texto me refiero a mi hijo, aunque ya sé que es una hija y se llama Violeta, porque comencé a escribirlo antes de enterarme.

Nota 2: Gracias a Paul Auster por la inspiración

martes, septiembre 05, 2006

Guión -> Raya

Bueno, tanto dar vueltas con un texto sobre el verdadero padre de la criatura que todavía no conté que el Guión es, en realidad, una Raya: damas y caballeros, es una niña.

Permítanme que por ahora les diga sólo esto. Prometí no contar el "paso a paso" para no aburrir a los que ya son padres -y para quienes todo esto es una boludez- y a los que no lo son -y entonces les importa poco.

Pero no es un dato menor, y podremos referirnos ahora a la Raya por su género correcto. Más adelante les contaré algunas cosas que me provoca esto, otras que pienso y otras que deseo. Habrá tiempo.

Eso sí: si me ven dentro de unos años, por favor recuérdenme mostrarle a mi hija el colmo de la pelotudez celebratoria femenina, como parte del intento que haré de no convertirla en una soberana boluda. Me refiero a ese aviso de Buscapina Fem en el que la madre le dice a su niña: "Ser mujer es lo mejor que te puede pasar en la vida". Se aceptan postulaciones para boludeces similares (o peores, que ya vendrán).

Pero ahora celebremos: es una niña. Todavía no tiene nombre, pero siempre será la Raya o la Guiona.

Amén

Luis

martes, julio 25, 2006

El tercio de los sueños

No da para comenzar un blog sobre el tema que me ocupa-y me ocupará por tantos años- por el principio. Eso sería de esperar en alguien mejor organizado de quien, también, pudiéramos prever su evolución. Padres primerizos de 38 y 41, llegando tarde a la fiesta, con todas las dudas y lugares comunes imaginables. Las fantasías, las realidades, el relato día a día, los sacrificios, el babeo creciente, hasta el sueño grandilocuente de construir algo que el hijo primerizo de estos padres desprogramados pueda leer algún día, y encontrarse en él.

No es la idea. El primer texto de este blog está siendo escrito en la semana 12 del embarazo tardío de este padre tardío. Vale lo que sucede hoy, lo que (nos) sucedió en los últimos años y lo que ustedes, lectores y amigos, quieran traer.

No es un blog familiar, y espero no aburrirlos con lo que sólo nos emociona a los protagonistas. Tampoco es un blog de nuestra pareja, aunque seguramente ella leerá y comentará lo que quiera. Ella, por si quieren saberlo, se llama Silvana, y es quien le permitió a un servidor intervenir así en una vida por demás luminosa. Es su problema: la convivencia es la cruz que elegís llevar, y eligió el talle XL.

Así que ahí va, semana 12, embarazo confirmado y avanzando, panza apenas perceptible, nuevas molestias menores, todo de su lado. Yo, como todos los hombres, soy un espectador de lujo. Tengo platea para ver cómo mi hijo/a hace crecer su espacio a costillas de las costillas de su madre.

Nada por aquí...
Estas 12 semanas representan un tercio del embarazo. El tercio en el que todo es figurado y durante el cual, si no sos un tipo ansioso -ni ella lo es tanto que no podés escaparle-, no pasa nada. Vas de un médico a otro -sobre todo si, como nosotros, uno de ellos es "el tercer hombre" en esta relación- y atajando consejos de los sabios y de quienes, sí, son ansiosos. En próximos textos iré tirando aquí algunos de esos sucesos no-sucesos, verán ustedes si ameritan comentarios.

Fuera del tour por médicos y destinatarios de la noticia, decía, en este tiempo no pasa gran cosa. Sólo tenés que ir organizando el anuncio sin olvidarte de nadie, y respetando algunas jerarquías y sociedades íntimas. No crean que soy megalómano: vengo de una familia numerosa, todos mis hermanos tienen hijos -algunos, ya grandes- y todos con quienes todavía tengo alguna relación sabían de nuestros deseos de tener hijos, y de las dificultades que enfrentamos para lograr un embarazo.


En lo puramente anecdótico, Silvana tiene ocasionalmente algunas náuseas, que se le pasan con una ingesta leve, una galletita, cualquier cosa que vaya al estómago. Es lógico, y no está relacionado con el embarazo: a mí también se me pasan las náuseas, los nervios y cualquier malestar si me clavo, por ejemplo, una medialuna de manteca.

No mucho más.

Gracias por el video
En realidad, hay una cosa que sí pasa, una sola: la ya habitual ecografía, en este caso multiplicada por tres y casi desde el miuto cero. En el difuso semicírculo que tramsite el ecógrafo en blanco y negro ves una mancha que luego es guión, luego cigarrito, luego botón con patas en movimiento.


Y ahí se te cae el culo. En mi caso fueron dos o tres segundos en los que perdí la ubicación espacial, quizás la revelación más clara de mi vida. Vos ya sabías que está ahí, el cuerpo de tu jermu y el diagnóstico lo dicen, pero cuando ves la transmisión cualquier cosa que puedas decir es una boludez total, como las palabras de consuelo a la viuda o el flamante huérfano.

Especialmente la tercera, cuando el video ya estaba mejorado y podías ver algo distinto a DirecTV en día de lluvia.


Ahi está Guión, mi hijo. Y yo con estas mechas...

Cuando yo era chico, las ecografías eran algo extraño y caro para la mayoría. Hoy son el primer contacto de los futuros padres de clase media con el futuro hijo. No conozco a nadie para quien esa primera vista no haya sido relevante. Hay distintas reacciones, claro: yo sólo me quedé, como dije recién, perdido por unos segundos, suspendido en algún lugar. Silvana y yo no lloramos, no nos miramos arrobados, yo no sentí que tocaba el cielo con las manos ni que mi vida estaba realizada, ni dí gracias a dios o pensé en mi mamá. Sólo me desubiqué, nada menos. Ella me tomó la mano antes de mirar, como si quisiera tener de dónde agarrarse si el mundo se caía, o si empezaba a crearse uno nuevo.

Yo amo a la TV
Listo, no más bolufrases de lo que todos -padres y no- conocemos de sobra. Sólo déjenme decirles que es sintomático que el primer contacto sensorial de un padre con su hijo sea un monitor de televisión. ¿Cómo podría eso no tener influencia en nuestra vida posterior?

Estaría bueno incluir este modo de presentación ("Hola, soy Guión, Hola, creo que soy tu padre") en los estudios sobre la cultura moderna del videoclip, las computadoras y el entretenimiento. Carajo: lo primero que tuve con mi hijo/a fue un contacto visual con una imagen proyectada en una tele... ¿Cómo nos culparán luego de pasar horas frente a la pantalla, nuestra presentadora oficial, la única que democratizó un poquito la tenencia prenatal de Guión?


Dije una imagen y no su imagen, porque no estoy convencido de que haya visto lo que indican los doctores. El ecógrafo -el aparato, no el médico sino el otro aparato, el electrónico- es un jukebox con varios gigas y yo tengo que agradecerle a la suerte: me tocó un video buenísimo. Y Guíón... Guión es todavía un insecto sin antenas pero con patas que mueve velozmente, como haciendo la bicicleta o sacándose de encima a alguien en una trifulca.
La ecografista marcó dos cruces en el monitor y nos dio la medida actual de nuestro proyecto: 3 centímetros.

Pero hasta acá pude comprobar que todo depende de la carga personal que le pongas. Otro día les hablo de eso, esta entrada ya está quedando demasiado larga.

Total, para transmitirle al Guión mis frustraciones con la leche templada y en cada canción me sobra tiempo, mucho más allá de los dos tercios de sueños que me quedan por vivir hasta que al pobrecito lo pongan en ON y le elijan el canal de TV que tendrá que mirar en éste, nuestro valle de lágrimas.